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…No soy mucho de series, pero ésta me

Publicado: 2013/06/28 de Luis Saavedra Oróstica en Uncategorized

…No soy mucho de series, pero ésta me ha provocado adicción. He estado toda la semana encerrado, viendo un capítulo tras otro. Sólo me detengo para comer o ir al baño, y a veces para dormir. Mi perro observa atento la pantalla y pareciera comprender, o al menos le llama la atención. Es de noche. Decido salir a la calle a pasearlo, aunque pensándolo bien, el paseo es para ambos. Después de tanta ficción necesito despejarme, pero la realidad se me confunde. Siento el ambiente enrarecido y la desolación de la calle me traslada a un lugar post apocalíptico. Camino por Loa, llego a la intersección con Azalea, miro hacia el pasaje y veo al primero de ellos. No me sorprendo demasiado, como si repentinamente lo asumiera como natural, pero de todas formas acelero el paso junto al Simón que olfatea ansiosamente y orina cada cosa que ve. Miro hacia atrás y el caminante sigue su andar errático por Azalea. Mi compañero sigue como si nada pasara. Llego a la esquina, vuelvo a mirar hacia atrás y ahora visualizo una pareja con esa forma tan desagradable de caminar. No me atemorizo demasiado, pero doblo rápidamente por Capitán Avalos, mientras mi amigo sólo se preocupa de marcar territorio con un chorro. Me siento adormecido, pero a la vez alerta, es raro eso. No tengo un arma, pero podría reaccionar rápidamente, agarrar cualquier elemento con punta y atravesarles la cabeza si fuese necesario. No alcanzamos a llegar a la siguiente esquina cuando un animal lanudo, sucio y feo, se lanza furioso hacia el Simón. Con una certera patada, alcanzo a evitar que lo contagie. Nos sigue y su ladrido es horrible, como si tuviera disfonía. Escapamos del lugar. Al llegar a Rene Schneider mi acompañante, con su ansiedad olfativa, me hace imaginar un perro cocainómano. Se sumerge de nariz en el pasto que debe llevar tiempo sin ser podado. Se revuelca extasiado, restriega su torso, gira para un lado y para otro. Es como si quisiera impregnarse de uno o muchos aromas que sólo él conoce. Queda un instante inmovilizado con la nariz fija en un punto del suelo. Qué manera de desconectarse de la realidad. Qué inocencia maravillosa. Cómo será ese mundo olfativo híper desarrollado, me pregunto y pienso nuevamente en las amenazas. En esta calle veo al primer sobreviviente quien camina al encuentro de un colectivo. En contraste con Loa, aquí la desolación parece cambiar por movimiento. Qué extraño. Tengo la sensación de estar cruzando hacia otro plano de lucidez. En el quiosco de Rene Schneider con Azalea, hay más sobrevivientes. Están llenándose con comida rápida, pegados a la TV. Están como hipnotizados viendo el noticiero. Pareciera no importarles la infección. Pareciera no importarles nada. Me pregunto si realmente serán sobrevivientes. Por si las dudas decido emprender el retorno, pero Simón está en posición de evacuación. Por Azalea retornamos a loa y su huella en la vereda queda atrás. Por hoy fue sólo una vuelta a la manzana. No te preocupes, Simón. Quizás mañana regresemos a este lugar.

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